Según Juan Febles, director de la reconocida escuela de cocina A&B Masters, el aceite de oliva es un producto vegetal de uso principalmente culinario que se extrae del fruto recién recolectado del olivo (Olea europaea), denominado oliva o aceituna. Casi la tercera parte de la pulpa de la aceituna es aceite.
«Para los griegos, el aceite de oliva era un símbolo de prosperidad y lo utilizaban tanto para las comidas como para ungir el cuerpo y suavizar la piel. Los judíos lo valoraban por su virtud en la conservación de los alimentos».
La aceituna no se suele consumir cruda debido a su sabor amargo. La calidad del aceite depende directamente de la calidad del fruto y de la rapidez del proceso de extracción.
¿Cómo saber si es de buena calidad?
Si al refrigerarlo se solidifica, y al probarlo pica en la garganta y provoca ganas de toser (como si se masticara ibuprofeno), es confiable.
¿Cómo usarlo correctamente?
Puede emplearse con fines medicinales, cosméticos o culinarios, siendo este último su uso principal.
¿Cómo conservarlo?
A diferencia del vino, el aceite no mejora con el tiempo. ¡Consúmelo pronto! Guárdalo en botellas de vidrio (preferiblemente oscuras), bien cerradas, lejos del aire, la luz, el calor y la humedad. Nunca mezcles aceite nuevo con restos del viejo: puede volverse rancio. La temperatura ideal de conservación ronda los 20 °C.




Y para esas frituritas irresistibles…
Aceite de maní
De color muy claro, es ideal para freír gracias a su alta resistencia al calor. Tiene un sabor suave, perfecto para preparar mayonesas y vinagretas.
Aceite de girasol
Apto para frituras suaves y para sazonar. Cada vez gana más terreno por sus beneficios dietéticos.
Aceite de soja
Ideal para aderezar y muy presente en salsas y productos para freír. Contiene muchos ácidos grasos poliinsaturados, por lo que se recomienda guardarlo en la nevera y consumirlo pronto. Si huele a rancio, ¡mejor no probarlo!
Aceite de maíz
Comparte características con el de girasol. Soporta temperaturas de hasta 170 °C sin perder sus propiedades.
¡Toma esto en cuenta!
La mejor forma de aprovechar un aceite es consumirlo crudo: así conserva al máximo sus beneficios.
Recuerda: al calentarlo, sus propiedades cambian. Algunos aceites saludables a temperatura ambiente pueden volverse dañinos al superar ciertos grados.
¿La clave? Elegir el aceite adecuado según el tipo de cocción que harás. ¡Tu salud y tu paladar te lo agradecerán!



